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Pasajes bíblicos usados para justificar el abuso

El castigo físico

  •  Proverbios 13:24 - “El que escatima la vara odia a su hijo, más el que lo ama lo disciplina con diligencia.” (Biblia de las Américas)

La vara en este contexto bíblico, no era un bastón para azotar o pegarle a una niña(o). Era el cayado del pastor usado para dirigir las ovejas lejos del peligro, tal como de un precipicio o de rocas puntiagudas. El pastor apaciblemente ponía la vara al lado de la oveja, para dirigirlas lejos del peligro. Este verso nunca fue escrito con la intención o como una excusa para que los padres golpeen a sus hijos. Necesitamos aprender que el golpear o pegarle a una niña(o), es una ofensa criminal en Canadá y EE. UU. 


El perdón

  •  San Lucas 17:1-4 : “Jesús dijo a sus discípulos: ¡Tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo; pero si cambia de actitud, perdónalo. Aunque peque contra ti siete veces en un día, si siete veces viene a decirte: ‘No lo volveré a hacer’, debes perdonarlo”.

Estos versículos han sido y siguen siendo usados dentro de la iglesia, por pastores y líderes en una forma contraproducente, en contra de las víctimas de la violencia y el abuso doméstico. Cuando se habla del perdón en una relación violenta o abusiva, se está poniendo presión emocional a la víctima para que perdone y se reconcilie con el abusador, sin el previo arrepentimiento de parte de ésta. Este tipo de perdón inmediato o mágico, no conduce a la restauración sino que, origina más poder en el abusador y pone la víctima en peligro.

En Lucas 17:3 Jesús dice que el perdón es producto del arrepentimiento. El verdadero arrepentimiento no se trata solo de culpabilidad y confesión; si no que también se trata de tomar completa responsabilidad por el comportamiento abusivo y violento, nombrando las injusticias, y haciendo cambios a largo plazo. Ezequiel 18:30-32 dice bien claro que, el arrepentirse implica una transformación completa y restauración del corazón.

El perdón es un proceso que tiene que darse de una forma saludable, en el cual el/la sobreviviente logra que esa experiencia de violencia y abuso no domine más su vida. En algunas ocasiones la víctima no puede volver a confiar lo suficientemente en el abusador, por lo tanto es difícil restaurar completamente esa relación.

Si la reconciliación no es posible, será mejor “llorar” la pérdida de aquellas relaciones y seguir caminando hacia adelante.

El divorcio

  • 1 Corintios 7:10-11: “Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, si no el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.”

Hablar del divorcio en la iglesia siempre ha sido un tema muy sensible. Pero cuando se agrega el de la violencia doméstica y el abuso sexual, añade un peso extra a este tema ya tan cargado. El tema del divorcio se ha enfocado en la infidelidad y el adulterio. Pero cuando se trata de violencia doméstica a la mujer se le ha aconsejado ser paciente y esperar que las cosas se mejoren o tal vez ella necesita ser mejor esposa y así el abuso no ocurriría. Esta es la razón por la cual muchas mujeres cristianas no hablan con sus pastores(as), por miedo a que se les exponga como las más culpables.

Necesitamos tomar conciencia de una cruda realidad existente en muchas congregaciones. Los pastores(as) y líderes laicos, no están capacitados para trabajar con asuntos relacionados con la violencia doméstica y el abuso sexual; por lo cual ellos mismos se sienten incómodos con el tema. Esta es la razón por la cual es muy importante que todos, sean capacitados y reciban entrenamiento formal, de cómo tratar estos temas dentro de la iglesia, de manera que puedan edificar a la mujer y evitar que ella se sienta culpable del maltrato que recibe.

La Biblia habla claramente del divorcio y dice que Dios aborrece el divorcio, pero cuando éste se da sin razón o fundamento. En el libro de Mateo 19:6 dice “De modo que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido”. Este versículo reitera el hecho de que el divorcio no es favorecido por Dios. También en Malaquías 2:16 dice “Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio…” Lo cierto es que mucha gente solo lee esa parte del versículo para hacer su argumento válido, pero el versículo sigue y dice: “… y al que cubre de maldad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues en vuestro espíritu, y no seáis desleales”. Si bien es cierto que Dios aborrece el divorcio, es también Dios quien aborrece la maldad y la violencia. 

En la iglesia generalmente se relaciona el divorcio con la infidelidad y el adulterio. Pero cuando se trata de violencia doméstica se habla del compromiso del matrimonio ante Dios y los hombres y, se hace énfasis en que se debe hacer lo posible por mantener a la familia unida. Lo que muchas personas no logran entender es que en el momento en que la violencia doméstica, el maltrato y el abuso entran en el hogar, se está violando y faltando a ese compromiso en el matrimonio. Cuando la infidelidad o el adulterio aparece en la relación de pareja, se pierde la confianza entre otras cosas. Lo mismo pasa cuando la violencia entra a formar parte del matrimonio, se pierde la confianza en la persona y en ciertos casos será difícil recuperarla.

Cargando la cruz

  • Marcos 8:34-37:  “…niéguese a sí mismo, tome su cruz.”

Este texto bíblico ha sido difícil de aplicar. Aquí leemos el llamado de Cristo a sus discípulos a negarse a sí mismo y llevar su cruz. Por mucho tiempo personas en posiciones de poder, han usado estas palabras para mantener bajo control a otras y obligarlos a llevar su cruz de sufrimiento sumisamente, así como lo hizo Jesucristo. Lo que frecuentemente se olvida es que Jesucristo trabajó activamente en contra del pecado, la opresión y la injusticia. El ministró a aquellos que eran considerados impuros, los sanó y comió con ellos. De esta manera Jesucristo desafió los reglamentos y costumbres que mantenían a las personas bajo opresión. La Biblia nos dice que Jesús amonestó fuertemente a las autoridades por causa del control que ejercían sobre la gente. La invitación de Jesucristo de “tomar la cruz” no es un llamado a que seamos pasivos, sino un llamado a trabajar con valor por la paz y la justicia como él lo hizo.

Sumisión y cabeza del hogar

  •  Efesios 5:21  “Someteos unos a otros en el temor de Dios”.
  •  Colosenses 3:18-19  “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos como conviene en el Señor. Maridos amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas”.
  •  I Pedro 3:1-7  “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos… Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”

Las citas bíblicas mencionadas son frecuentemente usadas para justificar la violencia en contra de la mujer, porque amonesta a la esposa a someterse a su marido. La palabra traducida del Griego “someteos” o estar “sujetas” también puede entenderse como “acomodarse a” o “estar unida a” o “identificarse con la otra persona”. Además si este pasaje en Efesios es leído en su contexto, nueve de los versículos se enfocan en los esposos y solo tres de ellos en las esposas. Se les instruye a los esposos a amar a sus esposas, “como Cristo amó a la iglesia”. Esto no le da el derecho a los esposos de abusar a sus esposas, porque el hombre tiene la responsabilidad de valorar y honrar a su esposa. Tampoco obliga a las esposas a quedarse en una relación abusiva, ni de tolerar el abuso. 

Este pasaje bíblico hace la comparación del esposo de ser “la cabeza” en relación a su esposa y la relación que tiene Cristo con la iglesia. Frecuentemente este concepto de ser la cabeza es usado para argumentar la superioridad del esposo sobre la esposa y para mantener un control autoritario sobre ellas. Sin embargo la palabra usada en el griego como “cabeza” es Kephale, la cual es usada para describir la fuente de vida de un río. En las Escrituras, Cristo modela relaciones que son fuente de vida y dio poder a la iglesia y a todas las personas con que él se relacionaba. Cristo amó sin ningún interés, y en este pasaje nos enseña la forma de relacionarnos con amor con nuestra pareja.